La mejora varietal de la vid

Selección clonal, masal y parcelaria
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La importancia cultural, social y económica de la vitivinicultura en el mundo ha suscitado gran interés y la dedicación a nuestro sector de muchos recursos privados y públicos para mejorar su cultivo y sus procesos de transformación.

La vid como planta doméstica nos acompaña desde hace milenios y en esencia puede que haya cambiado poco. Sin embargo, ¿es el vino de ahora el mismo que embriagaba a egipcios o romanos?, ¿distinguirían una bodega actual en comparación a las que ellos construyeron? y, lo más importante, ¿son las uvas de ahora las uvas de entonces? Las respuestas a estas preguntas son seguramente la misma: no. Pero con matices.

La mejora varietal de la vid, dando por hecho (con un punto de vanidad) que ahora tenemos mejores uvas, sigue dos vías principales: la propia evolución que marca la naturaleza y la generada por la influencia del hombre.

Las vides actuales proceden por un lado de la propagación natural a través de sus semillas, lo que implica un intercambio genético que da lugar a individuos parecidos, pero no iguales a las semillas madres o hermanas. Ese, y por otro lado las mutaciones naturales (que por ejemplo dieron lugar a las variedades blancas), fueron el banco varietal del que se alimentó el viticultor inicialmente, escogiendo de entre las vides aún silvestres las que más y mejores frutos daban.

Este sistema de propagación por semillas fue del gusto de los científicos, sobre todo cuando aprendieron a cruzarlas en laboratorio y a elegir los caracteres de cada casta que más les gustaban. De ahí nacen muchas variedades de uva de mesa, como la Italia o la Cardinal, o de vinificación, como la Garnacha Tintorera (Alicante Bouchet). También tienen su origen en esta técnica la mayoría de portainjertos que dieron solución al ataque de la filoxera a la raíz de las viníferas.

Richter 110, Paulsen 1103, Rugeri 140, 161-49 Couderc, conocidos por todos, homenajean a los entomólogos que hace más de un siglo los crearon hibridando diferentes vides americanas.

Incluso se ensayaron híbridos de producción directa uniendo vitis americanas y viníferas, con grandes resistencias a enfermedades pero mala calidad de las uvas. De ahí su prohibición.

De la genética a la selección

La investigación en genética, en cualquier caso, es un camino que seguramente seguirá aportando en el futuro nuevas soluciones a nuestro cultivo. Mientras eso llega, lo que en las últimas décadas ha imperado es la selección clonal, masal y parcelaria, y la posterior multiplicación vegetativa.

Las cepas tienen la capacidad de que una parte de la planta, incluso injertada sobre otra, sirva para reproducirse. Es de esta manera como los viveros multiplicamos los millones de plantones que son necesarios para reponer las plantaciones que pierden la rentabilidad para sus propietarios.

Tomamos un trozo de estaca de un hibrido de vid americana, le injertamos una yema de vinífera y lo enviveramos para que se unan fuertemente y tengan un sistema radicular nuevo.

Lo bueno de esto es que al no haber intercambio genético en las nuevas cepas todas tienen las mismas características que las plantas madres y nos permiten un cultivo intensivo en el que es fácil el manejo, porque el desarrollo y maduración de las uvas es prácticamente calcado. Y además, propagamos plantas madre que podemos analizar para cerciorarnos de su buena sanidad vegetal.

En este punto es bueno no olvidar que la capacidad de adaptación de la vid dará lugar, con el paso de los años, a nuevos biotipos como consecuencia de la influencia del terruño, lo que puede desvirtuar las características iniciales del material seleccionado. De la misma manera, puede verse afectado por organismo nocivos que lo alteren.

La parte negativa es que tanta multiplicación de los mismos clones de éxito y sólo de unas pocas variedades erosiona la variabilidad genética del cultivo y la complejidad y particularidad de los vinos. La solución, curiosamente, llega de dar un paso atrás, recuperando costumbres como la selección masal y parcelaria que cada bodega y viticultor atesoran en sus viñedos.

Tras esta introducción creemos se puede entender mejor las diferencias entre los tipos de selección varietal que como vivero ponemos a sus disposición.

La selección clonal

Es la selección de una cepa de la que los organismos obtentores (generalmente técnicos oficiales) garantizan su pureza varietal y sanitaria. Las pruebas de cultivo y vinificación determinan que sus características son las que más convienen a una región vitícola y son puestas a disposición de los viticultores.

A partir de esta cabeza de clon surgirán todas las viñas posteriores mediante multiplicación vegetativa. En unos pocos años un vivero como el nuestro, si el mercado lo demanda, es capaz de multiplicar miles y miles de nuevos plantones instalando campos madre base.
Este tipo de planta es la que se denomina normalmente como certificada, atendiendo al origen del material vegetal. Ver Certificación de la planta de vid.

Viveros Villanueva Vides es distribuidor de clones procedentes del INRA de Francia, de la Universidad de Davis de California, y especialmente de los clones desarrollados en España por los grandes técnicos vitícolas de Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Madrid, Navarra o La Rioja.

Tenemos a su disposición las mejores selecciones obtenidas en los últimos años para las variedades autóctonas españolas más importantes, aunque, como siempre, advertimos que lo más indicado es realizar el pedido con un campaña de antelación y elegir clon y portainjerto más indicado por encargo. En cualquier caso, Consultar disponibilidad.

La selección masal y parcelaria

Tras unas décadas de auge incontestable de la venta de planta certificada de diferentes selecciones clonales, los viticultores y bodegueros se han percatado de una tendencia a la erosión de variabilidad genética. Es por ello que en los últimos años la demanda de multiplicaciones de selecciones masales y parcelarias ha aumentado. También, porque no decirlo, por la ausencia de clones certificados en determinados casos.

El viñedo español, el más extenso del mundo, guarda muchos tesoros escondidos, pequeños viñedos de una calidad enológica superior, heredados de plantaciones de padres y abuelos y cuidados con mimo.

La elección para multiplicar alguna de estas cepas o de todo el viñedo en su conjunto es lo que se denomina selección masal o parcelaria. Es otra opción diferente a considerar frente a los clones existentes en el mercado, pero que, nadie se lleve a engaño, también debe ser controlada oficialmente.

Estas cepas o viñedos deben ser dados de alta por el viverista como plantas madre estándar e informar a la administración correspondiente con un año de antelación para su inspección visual o análisis correspondiente. Es la manera de asegurar su pureza varietal y buen estado sanitario y poder integrar los nuevos plantones en el sistema de certificación oficial. A partir de ahí, esto nos permite la exclusividad en la multiplicación de viñedos o cepas concretas. Valga como ejemplo la selección de Tempranilllo Familia Roda 107 que con tanto éxito lanzamos nosotros al mercado hace unos pocos años.

¿Qué injertamos? Es su decisión.